Julio Acanda. Foto: Cortesía del entrevistado

- Conocí a Julio Acanda cuando tenía una suerte de espendrú castaño. Primero lo vi por la TV, luego en Radio Reloj, donde fue a buscarme.

Entonces era el corresponsal del Sistema Informativo en la Isla de la Juventud. Tenía que entregar varios trabajos a la semana y, como la Isla no era pródiga en noticias, comenzó a elaborar sus crónicas, las cuales continúan apareciendo los domingos en el NTV.

Julio me habló de su equipo, especialmente de su editor:

“Se llama Adrián Migueles, lleva 20 años de trabajo en el Noticiero. Ha cubierto importantes eventos y sucesos en Cuba y en todos los continentes. Edita las Crónicas del Domingo desde hace varios años. También edita A Todo Motor y otros programas en el Canal Caribe. Es un ser de televisión: su padre es el productor más longevo del Noticiero, y su hermano uno de los más jóvenes y talentosos camarógrafos. En estos momentos está a la espera de poder regresar a Cuba desde Namibia, donde había ido para la realización de un documental sobre la participación de Cuba en la eliminación del Apartheid en África”.

Entonces, Acanda narró: “Actualmente mantenemos las Crónicas de Domingo, él trabajando desde allá y yo desde un set improvisado en mi casa. No hemos querido que este bicho, como le dices tú, nos impida poder seguir manteniendo la vitalidad del espacio que sigue mucha gente, ahora bajo el título: Crónicas de domingo en tiempos de coronavirus.

Y también contó: “Al espacio Gentes y Lugares de La Habana, que todos los meses se realiza en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, han asistido historiadores, periodistas y otras personas que son figuras públicas y atraen cantidades considerables de asistentes.

“No solo son hombres y mujeres sometidos a las preguntas, sino que quien las formula, el historiador Cirio Bianchi, es él, per se, un espectáculo informativo lleno de anécdotas, refranes o leyendas de diversas épocas.

“Y también es el escenario para presentar, por ejemplo, el videojuego Colección Habana, con la participación de los especialistas Luis Cubela (director de Informática y Comunicación de los Estudios) e Iván Recio, quienes interactuaron con los participantes sobre cómo se creó el útil instrumento cognoscitivo que a la vez es un entretenimiento transmisor de cultura”.

Todas las personas que pasan por la Sala Federico García Lorca asisten para responder las preguntas de Ciro y del público, para que el convidado desnude su alma y su quehacer profesional. Julio Acanda fue uno de los invitados.

En el dedicado a Julio: No alcanzaron las sillas. Entre sus amigos del Gato Tuerto, quienes lo disfrutan por la televisión y los fieles asistentes a esas tertulias, se rebosó el local.

Más lleno se sintió cuando empezaron a desgranarse las anécdotas: “Desde muy niño supe que sería lo que soy. No sé si periodista, pero sí que quería compartir historias con la gente, ya fuera por radio o TV. De hecho tuve mi primer programa de radio a los nueve años, se llamaba Cosas de mi Escuela, y se trasmitía por la emisora de la Isla de la Juventud, Radio Caribe. Hoy, cuando miro atrás, comprendo que, sorprendentemente, siempre supe que sería periodista”, dijo Acanda.

Julio Acanda. Foto: Cortesía del entrevistado

Al hablar de la Isla de la Juventud, tuvo la participación el colega Max Lesnik, radicado en Miami y que estaba en La Habana por el cumple 500 de la capital.

Un joven le preguntó por qué José Martí y Julio contó: “Descubrí a Martí con mi padre, quien murió apenas con 36 años. Poco antes de morir, tendría yo cuando más 11 años, una noche me enseñó una foto de Martí de cuerpo entero contra unos arbustos -después supe que esa foto fue tomada en Jamaica y que era la única conocida en la que aparece el Apóstol de pie, en solitario-. Mi padre me dijo:

-Julio, fíjate en la foto. ¿Qué ves?

Realmente, yo miraba y miraba y solo veía a Martí. El mismo rostro triste que había conocido en la escuela. Pero mi padre insistía:

- ¿Qué ves? ¿Qué ves?

Yo realmente no sabía lo que quería que viera, y no comprendía hasta donde quería llegar mi padre. Hasta que me dice:

-Mira los zapatos, hijo. Están rotos, si te fijas bien. ¿Sabes cuánto dinero en ese momento tenía ese hombre en los bolsillos? Cientos de pesos, que le habían entregado de su salario los tabaqueros de Jamaica para la liberación de Cuba….Cientos de pesos… y era incapaz de tomar un solo centavo… uno solo…para comprarse un par de zapatos, que en esa época costarían muy poco. Hijo, ese es un hombre decente”.

Acanda solo recibió halagos acerca de sus crónicas del domingo. Relató cómo nacieron algunas y llamó a su editor Migueles, quien explicó lo difícil que resulta editar esas historias, con un tiempo limitado.

Algunas personas le propusieron a Julio que hiciera un libro con las crónicas, él rehusó un poco la idea. Razón tiene: nacen de un detalle, que el embrujo de las imágenes, junto a la cálida e intencional voz de Julio, forman una unidad audiovisual, casi siempre eficaz. Traducir esa belleza solo en palabras escritas es difícil porque cada lenguaje tiene sus reglas, así que muy bien se podría producir una multimedia o un ebook, formatos donde se admiten imágenes en movimiento y sonidos.

No creo que todas las crónicas sean excelentes, alguna es quizás demasiado melodramática, pero todas son diferentes al tempo y modo de hacer el NTV, y tal ruptura en lo formal es válido para llama la atención del televidente. Esperamos por más crónicas, Julio, tú puedes.

Julio Acanda. Foto: Cortesía del entrevistado

En video, crónica de domingo

(Tomado del Portal de la Televisión Cubana)